Endless nights and olympian dreams
Grecia, 490 A.D.
Los persas habían jurado que, tras vencer a los griegos, irían a Atenas para saquear la ciudad, violar a las mujeres y matar a todos los niños, actitud digna de la alianza de civilizaciones. Como los griegos sabían de las aviesas intenciones de los persas decidieron que, si las mujeres no recibían en 24 horas la noticia de la victoria en la batalla en la llanura de Maratón, procederían a matar a sus propios hijos para, a continuación, suicidarse.
Los griegos vencieron pero tardarón más de lo esperado y corrían el riesgo de, aún tras la victoria, llegar a Atenas y encontrarse una carnicería. El soldado Filípides, que debía ser de los más rápidos o el típico comemarrones, fue el elegido para llevar la noticia y así lo hizo. Recorrió los 48 kilómetros que separan Marathon de Atenas, dió la noticia y, fruto del cansancio de la carrera unido al de la batalla, murió.
Esto fue hace 2496 años, hoy en día los números son los siguientes: 30 de abril, 42 kilómetros, 195 metros y 150 euros que ya perdí en su día contra el Pepo. Llevo tiempo diciéndolo pero después de más de dos semanas preparándolo, ha llegado el momento de que quede prueba escrita. También debe quedar constancia de otras dos cosas: a) a día de hoy lo veo imposible y b) si alguien se anima a preparalo que me lo diga.
No puedo explicar, sobre todo porque no los sé, los motivos para correrlo. Pero sí puedo contar una cosa, parece que en cualquier maratón, en cierto momento, normalmente a la altura del kilómetro 30, llegas a un lugar llamado el muro; sientes que tus fuerzas no responden y no puedes dar un paso. Seguir no tiene nada que ver con la forma o el entrenamiento, la que sigue corriendo para sacarte de ese muro es tu mente.
Nuestra recompensa se encuentra en el esfuerzo y no en el resultado. Un esfuerzo total es una victoria completa. (Gandhi)
