Muchas Veces Pasa

May 4, 2006

Hasta el final

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Al ver la copa de martini me acuerdo de las cosas bien hechas, esas cosas que tienen casi más importancia viniendo de un camarero que de un directivo de Telefonica. Un paisano tiene su bar de mala muerte pero se esfuerza y paga un poco más por el barril de Mahou en vez de clavarte Estrella de Galicia, jubiló hace años esas pequeñas copitas que le regalaron en el 79 y compró unos vasos bajitos de cristal fino en los que servir con cariño una caña fresquita y, si tienes la suerte de hacerte colega, te contará, mirando al grifo con orgullo, las excelencias de su cerveza (por Miguelin).

Es que hay bebidas que tienen su ritual, nadie se siente orgulloso de como sirve un whisky con coca cola pero son muchos los que tienen su propio sistema de poner un gin-tonic. Y la bebida que exige más preparación y sobre la que todo el que se haya tomado tres tiene su propia teoría es el Dry Martini.

Eddie comentaba que el barman del Casino apenas sacaba la botella para enseñarla y eso me llevó hasta Churchill que decía que la cantidad de vermut ideal era la que llegaba al vaso dejando que la luz del sol pasase a través de la botella. Todo el que le ha dedicado tiempo tiene su teoría Hemingway (como no), Noel Coward, Garci, Buñuel, etc.

A mi, el primero, igual que la primera cerveza, no me gusto pero luego, gracias a Del Diego y a otros tantos esforzados camareros, llegué al gusto, a darme cuenta de que cuanto más simple, más perfecto. Gracias a ellos y a todos los que día a día ponen esfuerzo en lo que sólo ellos ven.






















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